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Yoga, bienestar y fotografías


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ImagenCabeza sobre la arena, fotografiada en una exposición de Carlos de Bunes
Puede que critiquemos o juzguemos a otros sin piedad, porque reconocemos en ellos algo nuestro que rechazamos o, al revés: algo que nos gustaría hacer o ser. A veces la admiración viene vestida de envidia, no queremos admitir que queremos llegar a hacer lo que otros se atreven, bien porque nuestras limitaciones nos lo impiden o bien porque nos lo prohibimos por considerarlo inadecuado (miedo al ridículo, a fracasar, a perder la estabilidad que con tanto esfuerzo conseguimos…)
Nos da miedo lo que parece distinto a nosotros porque podríamos correr el riesgo de entenderlo y, si lo entendiéramos, tendríamos que revisar todo nuestro sistema de creencias… Cambiar toda nuestra vida.
Nos hemos creado un personaje tan complejo, que deshacerlo da miedo, porque perderíamos las referencias y las etiquetas, ya no sabríamos quiénes somos, pero tampoco sabríamos quiénes son los demás. Necesitamos etiquetas para saber cómo actuar, porque si dejáramos de ser los personajes que a fuerza de traumas nos hemos creado, quizás no tendríamos que defendernos más, perderíamos el orgullo, la avaricia, la maldad… y sólo nos quedaría amar a los demás tal y como son, porque veríamos que son exactamente igual que nosotros.
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“La mujer que me habita” (por Elena Alonso)

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La mujer que me habita, la que sabe, me dice cuándo es el momento de la retirada.
Me hablan mis ancestras.
Me guían.
Y me empujan al borde de los precipicios.
– Salta! – gritan.
Y si no salto me asfixian.
La mujer que me habita sabe cuándo salir corriendo.
Sabe dónde me comen y dónde como yo.
Y me habla bajito cuando duermo contándome cómo soltar las cadenas. Canta la loba en mi vientre canciones de salir corriendo.
Hay un tambor en mi centro que se pone a vibrar cuando llego vacía de todo, menos de mí.
Hay una serpiente en la tierra que se despierta y me busca cuando lo que elijo me enferma.
No hay tiempo.
Es ahora, o nunca.
Ha llegado el momento de mirar a la cara a la bruja. Y dejarle pasar.
Apartarse y morir. Morir a lo viejo. A la mentira. Lo conocido. La mujer a medias. La enferma. La que ama a medias y vive a medias. Y da a medias. Y a medias se queda. Yo te muero, mujer. Para revivirte de nuevo y darte el espacio que de verdad ocupas en el mundo.
El lugar que te corresponde.
No importa ese camino que te desaparece a cada paso que das ahora. No importa que no veas sendero delante de ti, mujer.
Avanza a oscuras con los ojos muy abiertos!
Huele a tus abuelas!
Y date cuenta de que CONOCES EL CAMINO. Porque ya fuiste antes!
Porque ya fuiste antes, mujer.
Ve, que no vas sola…
(Elena Alonso)
Si queréis saber más de esta valiente, madre, escritora y mujer, podéis visitar su blog Viajamor o buscarla en Facebook en su perfil ViajamorElenaAlonso
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