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Hoy conocí a un payaso

emociona

Hoy tomando un café se nos presentó a mis amigos y a mí un vendedor de seguros de Barcelona. Iba enchaquetado y con corbata, aspecto formal, copa de vino y una locuacidad increíble. Contó algún chiste que no fui capaz de entender, mi mente no estaba muy lúcida por la pesadez después de la comida .

Tras unos minutos de conversación sobre seguros de decesos, me di cuenta de que el vendedor llevaba un libro de Milan Kundera y comenzamos a hablar sobre el autor y sobre poesía. Reconozco que al principio no me apetecía entablar ninguna conversación… A veces apartamos a la gente por ser distinta o porque no las conocemos de nada, pero cuando prestas atención acaban sorprendiéndote para bien.

Resultó ser un romántico e idealista que hablaba en varios idiomas, me enseñó las poesías que escribió por la mañana acerca de las hojas secas de otoño sobre el suelo, o cualquier tema cotidiano, mientras esperaba en el banco para pagar un recibo. En sus ratos libres se viste de payaso y se va al parque a “rescatar sonrisas”, a niños y adultos. Además escribe cuentos infantiles para adultos y va a visitar a los niños hospitalizados para intentar alegrarles el día. En su chaqueta lleva siempre su nariz roja.

Dice que vivió en San Francisco, en la calle, regalando palabras a cambio de la voluntad, que si pones precio a tu arte recibes menos de lo que mereces; que nunca estudió oposiciones, que el examen se lo hace cada noche ante sí mismo; que lo mejor de la vida es poder reírse y que se recibe mucho más cuando se da sin esperar nada.

Un enamorado de las viejas costumbres, hacer fotos, mirar las estrellas y escribir cartas de su puño y letra. Le hablé del Biciclown (un clown que recorre el mundo con su bici Karma y que os recomiendo leer) y de Postcrossing (también recomendable si queréis recibir algo más que cartas del banco en el buzón), un proyecto para mandar postales a desconocidos de todo el planeta. Quizás por eso hace meses que guardé en la cartera un sello con tasa europea, para regalárselo a alguien que aprecie estas cosas.

Lo curioso de todo esto es que además se parecía físicamente a Jim Carrey y que en el mismo café había un clown que hace talleres de risoterapia.

¿Será que hay que aprender a reírse de todo?

Gracias Rafael, me gusta la gente que cree en la utopía y que hace de su vida un arte.

Velvet

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